Habitar la Escuela

Marcela Almanza

¿Cómo habitar la Escuela en tiempos de pandemia y sostener los principios de política lacaniana en un lazo posible, con otros, incluso en estas circunstancias tan peculiares?

Tomo estas cuestiones iniciales, abordando las nuevas coordenadas que, desde hace meses, han modificado sensiblemente nuestro estilo de vida y nuestra práctica analítica allí donde, por el momento, el encuentro entre los cuerpos ya no es posible y el mundo virtual parece haber tomado la escena bajo un carácter inédito hasta nuevo aviso.

En ese sentido, ¿cómo hacer de las puertas cerradas que, hoy por hoy, hacen parte de nuestro entorno cotidiano, incluido el consultorio, el local de nuestras Escuelas y la suspensión temporaria de eventos que nos congregaban, un punto de inflexión que permita vislumbrar que la Escuela permanece abierta y absolutamente vigente como referente ineludible para la formación del analista?

Sabemos que nuestra Vida de Escuela se sostiene por el deseo que nos anima y que funciona como un sólido pilar para apuntalar sus principios, aun frente al peso abrumador de este real que, ciertamente, adviene con su sello singular para cada uno.

Es en este entorno, que los analistas analizantes somos convocados a leer detalladamentelo que se desprende de esta “contingencia”, para abordar con calma esta experiencia, sin precipitarnos a sacar conclusiones apresuradas, pero, a la vez, sin renunciar a lograr hallar, paso a paso, alguna solución a la medida frente a lo que acontece.

Sin sustraernos de la parte que nos corresponde, se tratará entonces de relanzar la pregunta sobre cómo habitar la Escuela aun en este “nuevo mundo” sin desconocer que se trata de algo que se construye constantemente, cada vez, pues no hay modo de habitarla si no es bajo transferencia.

En su Seminario de Política lacaniana J.- A. Miller nos recuerda que “La fundación de la Escuela -Lacan lo indicó sin falsa vergüenza, sin falso pudor -tiene como fin proseguir lo que es su agalma, a saber, la enseñanza de Lacan. En todo caso, eso es lo que dijo Lacan, tuvo el coraje, la honestidad y la precisión de decir que la Escuela está constituida alrededor del elemento agalmático susceptible de producir la transferencia de trabajo.” [1]

Sabemos que la Escuela, como experiencia inaugural, introduce una forma asociativa inédita donde, en lugar de tener una sociedad vinculada a una tradición, a un saber formal instituido de antemano con respecto a lo que es un analista, lo que tenemos en su centro es un no saber irreductible – que escribimos S(A/)- un agujero central.

Este dato particular ya nos anticipa que, la Escuela concebida de este modo, está habitada de entrada por la inconsistencia, por un real ineliminable, pues no sabemos qué es un analista. Este es el real sobre el que se asienta la comunidad analítica.

Desde esta perspectiva, y concernidos por la experiencia analizante, se trata de que ese agujero en el saber nunca se colme, sino que más bien funcione operativamente en cada uno de nosotros provocando una posición activa y responsable donde el habitar no quede emparentado solo a propósitos ideales, buenas intenciones o al acceso efectivo a un lugar consabido sino más bien a nuestro acto, para que sea un trazo analítico el que oriente nuestro modo singular de habitar la Escuela.

En este contexto, entonces, donde estamos privados momentáneamente del encuentro entre los cuerpos es que somos convocados a pensar -una vez más- lo que implica hablar de la presencia del analista y de las múltiples aristas que se desprenden de esta formulación, no solo con respecto a las curas que dirigimos actualmente bajo estas circunstancias peculiares, sino también en referencia a este “habitar” tan especial donde “decidimos seguir apostando por la supervivencia del psicoanálisis de orientación lacaniana y por sus principios éticos, poniendo en valor el lugar y el lazo que sea posible para cada uno, para así restarnos de la impotencia, dando lugar a algún tipo de invención frente a lo insoportable.” [2]

Aquí retomo a Éric Laurent cuando plantea que “Lacan no deseó jamás aliviar ni al analista ni a la Escuela de la parte que les corresponde. Por la formación que dispensa se juzga si una Escuela mantiene o no al psicoanálisis en el lugar que le corresponde en el mundo. Desde este punto de vista, análisis personal, control y enseñanza se encuentran entrelazados”. [3]

En esa vía, sin desconocer las dificultades que se presentan en estos momentos complejos, habitar la Escuela implica no retroceder frente a los embates actuales sino por el contrario, reafirmar aún más la apuesta por la formación, ratificando el deseo por la vigencia del discurso analítico y por la Escuela del pase.

Punto de bisagra fundamental para lograr que permanezcan las puertas abiertas, de alguna manera, y así alojar la circulación de la palabra en términos clínicos, epistémicos y políticos para continuar bordeando los impasses que se derivan de esta coyuntura, no sin estar advertidos de la extimidad que nos habita.

Y esto no es posible sin una posición analizante dispuesta a escuchar, hoy más que nunca, lo que le concierne, pues “El psicoanálisis no es una experiencia de lo íntimo, del Uno por Uno, que le permite sustraerse al caos del mundo. Es una experiencia donde se anuda las formas en que cada uno vive la pulsión en su fantasma, sumergido en el caos del mundo, la discordia de los discursos, el después de Babel en el que, para decirlo con Pascal, estamos embarcados, sin poder descansar, en un horizonte donde el caos no vendrá a armonizar este desorden.” [4]

Seguir poniendo en el horizonte, un anudamiento posible entre trabajo de la transferencia y transferencia de trabajo será lo que permitirá abrir nuevos caminos por recorrer y así sostener una modalidad posible de habitar la Escuela.

NOTAS

  1. Miller, J.-A. Política lacaniana. Editorial Diva, Buenos Aires, 1999, p. 24.
  2. Convocatoria del Comité Ejecutivo de la NEL, 23/03/2020. Conversación permanente Hacia un nuevo lazo.
  3. Laurent, Éric. Su control y el nuestro. Revista Freudiana n. 30, publicación on-line, https://www.freudiana.com/.
  4. Laurent, Éric. El extranjero éxtimo II. Disponible en http://www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-771.pdf